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Los signos

El signo puede definirse ontológicamente como aquella forma conceptual y lógica que remite a un objeto referente físico bajo un determinado sentido psicológico o fenomenológico cuya expresión, comunicación o interpretación depende de los sujetos operatorios (emisor, receptor o transductor) que lo utilizan, transmiten y transforman, así como del contexto determinante histórico, sociológico o político en el que se desarrollan estas operaciones gnoseológicas. Aquí se identifican varios elementos dados en symploké mediante relaciones objetivas, necesarias y lógicas. Desde un punto de vista transcendente al signo, el autor y el lector (el emisor y el receptor si se prefiere) son los agentes humanos -estos son los sujetos operatorios- a los que cabe añadir la figura del crítico o transductor que intervienen en el proceso de comunicación. Aunque son sujetos exteriores al signo, sin ellos el signo no existiría. No hay que olvidar que en cierto modo un signo no es más que un objeto y que solo una comunidad de individuos puede convertir este objeto en signo al dotarlo de un significado específico y social. Un objeto es una realidad óntica -es y está-, tiene presencia ontológica; por su parte, un signo es una realidad óntica, semántica -es, está y significa- y pragmática ya que resulta intercambiable, transmisible y transformable -es decir, transduccible- de acuerdo a una serie de valores. Desde el momento que es operable, el signo constituye una realidad gnoseológica, el signo adquiere en consecuencia una existencia sintáctica, semántica y pragmática que resulta decisiva porque es operatoria. Evidentemente, el sentido y el significado son posibles allí donde existen seres humanos capaces de generarlo, identificarlo, transmitirlo y transformarlo. Las tres dimensiones identificables en el signo, dadas en symploké son la forma material (m3), el sentido psicológico o fenomenológico (m2) y un referente físico (m1). Si fallan o no existen el primero o el tercero en términos de materialidad, no cabe hablar en términos gnoseológicos de signo sino de sofisma. Un sofisma es el simulacro de un signo, es decir, la expresión ideal e irreal psicológica y verosímil de un concepto. El sofisma siempre posee una dimensión psicológica y es la forma que persuade con materiales falsos.

Jesús G. Maestro, autor de las explicaciones que aquí se exponen y de la “Crítica de la Razón Literaria”.

En primer lugar, la forma del signo es lo que comúnmente identificamos como la forma de la expresión material del signo. De acuerdo con una gnoseología materialista, es la forma conceptual (m3) del signo, su expresión formal. Todo signo es formalmente perceptible por nuestros sentidos por su expresión material, ya sea acústica, visual, etcétera. El signo es en sí mismo una realidad explícitamente física, es una creación genuina del mundo terrenal y humano, pues teniendo referentes metafísicos se convierte el signo en un sofisma.

Gustavo Bueno, desarrollador del materialismo filosófico, del que que se sirve Jesús G. Maestro para su obra.

Las “corrientes aguas, puras, cristalinas” de Garcilaso de la Vega pueden ser objeto de diversas interpretaciones pero sin duda no se relacionan con el H2O cuando leemos estos versos en la égloga renacentista. La potencia significativa de los textos poéticos tiene entre sus consecuencias la de crear un número indefinido de interpretaciones posibles y coherentes sin más límites que los autorizados por el propio lenguaje a lo largo de los siglos y a lo ancho de las culturas.

Cuando un signo carece de referente físico (m1) puede ser un unicornio, hablamos de un signo idealista. Si un signo idealista se utiliza como concepto categorial en el campo de investigación de una determinada ciencia automáticamente funcionará como un sofisma y como conscuencia el estatuto gnoseológico de esta ciencia quedará negado.

Crítica de la Razón Literaria: el materialismo filosófico como teoría, crítica y dialéctica de la literatura.

Además, el sentido psicológico o fenomenológico (m2) del signo es aquello que hace emocionalmente comprensible para los seres humanos el objeto referente del signo.

Así pues, los signos se pueden clasificar en signos idealistas, científicos y retóricos, y esta clasificación da lugar a la afirmación de que cualquier intento de situar a la literatura como algo científico es un error.

Jesús Miguel Pacheco Pérez

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